Su sonrisa en mi cuento

Foto. Yeli. F.

Sonreía y no sabía lo mucho que provocaba en mí.
Curioso sentimiento,
poderoso de momento,
envolvía mis sentidos en el viento.
Como en un cuento,
me quitaba por segundos el aliento.

Sonreía y no sabía lo mucho que me gustaban sus ojos achinados,
sus labios rosados,
y sus mofletes bronceados.
¡Qué deseosos pecados!

Sonreía y era luz para mi lado gris,
sonreía y me convertía en una perdiz,
saltaba sin moverme y era feliz,
¿Cómo podía aquella risa llegar hasta mi raíz?

Sonreía aquella tarde y no lo sabía,
no sabía esa manía mía de enamorarme de las curvas de una sonrisa,
no sabía que esa mirada mía,
le gritaba en silencio toda su poesía.

¡Qué magnífica melodía la de su sonrisa!
eterno el momento, lo disfrutaba sin prisa,
calentaba mi piel como una cálida brisa,
tenía un imán tirando de mi sonrisa.

Sonreía y desde ese inevitable momento,
era fácil adivinar mis argumentos,
difícil ocultar mis intentos,
por quedarme en aquel cuento,
protagonizado por tu sonrisa y mi enamoramiento.

Yeli Fernández

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Sueño contigo

Foto. Yeli. F.

Soñando estoy con tu mirada,
tus recuerdos escondo debajo de mi almohada,
busco tus ojos cada noche en medio de la nada,
y es que, si me miras después de la medianoche, me tienes flotando como una hada.

Soñando estoy con tu tierna sonrisa,
esa que sueltas de repente y mi alma acaricia,
cual mimo travieso me sorprende de prisa,
invade mi corazón y la disfruto como a la cálida brisa.

Soñando estoy con tus labios.
¿Cómo no extrañar esos labios, esa boca que a mi cuerpo alborota y es casi una derrota?
Débil estoy por esos labios, por sus recuerdos, por su dulzura escrita en sus secretos, esos que me revelaste en el primero de cien besos.

Soñando estoy con tu piel suave y morena,
contando tus lunares, descifrando tus curvas y contemplándote como a la luna llena. Es una sensación plena sentir tu piel con mi piel. Como la miel y el pastel, tu cuerpo es una dulce condena.

Soñando estoy, sin ti, pero contigo rondando mi cabeza, ocultando la tristeza de tu ausencia,
bailando contigo tan cerca que podría despertar, abrazar tu corazón y no dejarlo escapar.

Soñando estoy contigo, te espero esta noche y todas las que vienen, en el mismo sueño, con la misma canción y tu mochila llena de recuerdos e ilusión.

Yeli Fernández

Cuando abras los ojos

Foto: Yeli. F.

Para cuando abras los ojos,
quizá ya no esté bailando a tu lado,
ni admirando tus dibujos,
ni siquiera tocando tu cuerpo,
mientras me mientes diciendo me gustas.

Para cuando abras los ojos,
quizá mi boca esté cerrada a tus besos,
mi piel harta de tus falsos deseos,
mi alma desorientada fuera de tu camino,
o mis caricias guardadas en un pergamino.

Para cuando abras los ojos,
quizá no me encuentres en los chistes malos,
ni en los lugares que pudieron ser nuestros preferidos,
ni en la madrugada aquella en la que amanecimos juntos.

Para cuando abras los ojos,
quizá mi recuerdo sea el más fugaz de tus pensamientos,
mis poemas no suenen más a sentimientos,
y en mi mente ya no habiten más tus recuerdos.

Para cuando abras los ojos,
quizá me haya ido sin decir ni una sola palabra,
disfrazada de valentía,
envuelta en una sonrisa macabra,
sin despedidas ni pétalos en la cama.

Para cuando abras los ojos,
quizá solo te acuerdes de mis sonrisas,
y las noches sin fin provocando caricias.
Quizá ese día mi valor descubras,
quizá veas que fue un encuentro a medias;
tú siempre a medias y yo siempre a todas.

Para cuando abras los ojos,
me habré dado la media vuelta,
y dado cuenta de que no me mereces,
y ya lejos de tus dudas,
aparcaré mis sueños,
ignorando tus inquietudes.

Yeli Fernández

Bailo bajo la lluvia

Esta tarde llueve en la ciudad y mis ganas locas de salir a mojarme me hacen presa de una infinita felicidad. El sonido, las gotas en la ventana y el olor a lluvia atrapan mis sentidos con un solo objetivo: correr sin miedos y salir sin paraguas.

Mientras me pongo los zapatos con la rapidez de una liebre, escucho el sonido de las gotas cada vez más fuerte y, ¡qué felicidad¡, mi corazón escucha esa melodía dando saltos para agradecer tan bonita sintonía.

Antes de cruzar la barrera entre el portal y la calle, me salen decenas de sonrisas y en mi mente solo escucho la voz de mi madre repitiendo: “Oye niña, te vas a enfermar” y la de alguien que aún recuerdo: “Estás como una cabra”.

Y sí, señores, estoy como una cabra. Saco un pie y otro pie. Ya estoy bajo la lluvia, son indescriptibles las carcajadas que tiene mi alma, es increíble la manera en que bailo sin quererlo mientras me mojo y son magia las mariposas que revolotean en mi cuerpo.

No existe el frío, ni la ropa pegada a la piel ni el pelo mojado. Sólo existe esa sensación de placer al oler la ciudad mojada, sentir caer las gotas sobre mi rostro y cerrar los ojos tan fuerte para, por un momento soñar, soñar que no existe nadie más en la ciudad.

Camino entre la gente con paraguas que me mira de reojo como diciendo: “¿Y esta loca por qué va en remojo?” Yo no puedo decirles nada, pero a alguno le guiño el ojo, ojalá pudieran disfrutar como yo lo hago; en un abrir y cerrar de ojos.

Llueve en la ciudad y, tras mi baile eterno bajo el agua, el ruido se apaga, las luces se encienden y los paraguas se guardan. La tormenta ha terminado, parece un pecado, pero mis emociones escondo, mi ropa escurro y miro al cielo…Ojalá venga mañana de nuevo, que la espero con un helado.

Yeli Fernández

Te espero esta noche

Foto: internet

Hoy dejo la cama a medias,
por si apareces esta noche en la penumbra,
desnudo y con la piel ardiente,
con ganas de batalla y derrota,
despierto pero soñando con sacarme la ropa.

Hoy te espero con paciencia,
imaginando tu silueta en la oscuridad de la habitación,
salvaje y tierno a la vez.
Dispuesto a revivir los recuerdos de aquella primera vez.

Dejo la cama a medias,
por si esta noche coges de mi cintura,
y la estrechas contra tu cuerpo,
por si en uno de esos suaves movimientos,
me besas el cuello y me dejas sin aliento.

Hoy te espero desde la mañana,
con la piel erizada y todas esas ganas.
Imaginando tu cuerpo transparente entre las sábanas,
y tu mirada atravesando mi espalda mientras bajo las persianas.
¡Qué ganas!

Dejo la cama a medias,
por si me tumbas esta noche sobre ella,
y atraviesas el túnel oscuro que esconde mis ganas.
Por si bailo sobre ti hasta que llegue la mañana,
o te estremeces con el vaivén de mis caderas.

Hoy te espero con perfume en la piel,
imaginando tus manos recorrer,
mis cuevas y mis montañas cuál trenes sobre rieles.
Deseando saborear tus besos como la miel,
ver tu libido crecer,
tocarla en los más alto,
y ver, al final, la nieve caer sobre mi piel.

Yeli Fernández

No te enamores de mí

Foto Yeli. F.

No te enamores de mí, porque mis alas tengo rotas, llevo un cuaderno lleno de notas y creo que te equivocas al pensar que puedo ser el amor de tu vida, solo por producirte cosquillas cuando me miras.

No te enamores de mí, porque después de conocer el dolor, tengo miedo al amor; porque no quiero ser una más de la lista de caprichos que un día pensaste que eran amores verdaderos.

No te enamores de mí, por favor, porque efímera es la vida y el amor en los tiempos de ahora. Porque no quiero habitar en tu corazón y de repente un día ser desahuciada a mi suerte.

No te enamores de mí, porque no soy la típica chica de la que te enamoras, en mí no encontrarás lo que buscas en otras. A veces soy muy fría y, otras, muy cariñosa. Puedo ser un ángel, pero también un demonio que te alborota.

Porque escribo a todas horas, lloro cuando quiero, bailo descalza, me mojo cuando llueve y no puedo estar sin descubrir el mundo. Me enfado cual grinch, me canso de los mimos cual gatete odioso y me ensucio el pelo cuando pinto.

Por eso, no te enamores de mí, no cometas el mismo error que cometí. No quiero que te enamores y quieras que sea tuya; quiero ser libre, pero especial para ti y que tú también lo seas para mí, pero no quiero verte sufrir.

No te enamores de mí, no quiero ver brillar tus ojos, ni tus manos sudar o quizá tu sonrisa tierna asomar, pues puedes mi coraza atravesar y el camino del amor volver a empezar.

No te enamores de mí, porque cuando más lo pienso, más te pienso y no, no quiero que te enamores de mí, aunque en el fondo, mi corazón esté muriendo de ganas porque lo sientas así.

No te enamores de mí, solo quédate a mi lado, seamos magia en este mundo gris. Quédate con ganas de más, pero no me mires así, con amor, no me mires con el corazón.

No te enamores de mí, pero si quieres intentar convencerme de lo contrario, muchacho valiente, ven y cógeme de la mano, quizá esta vez salgas ganando.

Yeli Fernández

Inevitable seducción

Foto: internet

Frente a frente nos descubrimos,
nuestros ojos se llamaron, pero callamos,
fuiste tú, fui yo, tímidos nos sonreímos.
En medio del silencio de la biblioteca,
nuestras miradas hacían decenas de ruidos, como en una discoteca.

Te descubrí mirando mi alma,
me descubriste mirando tu tierna sonrisa,
inevitable seducción, sin salida del callejón.
Estábamos tú y yo exhalando sensualidad en aquel silencioso rincón.

Tus labios, esos labios despertaron mi emoción,
rojos y sensuales, provocaron en mi mente una explosión.
Por mi piel recorrieron miles de hormigas con desesperación.

Sentías lo mismo que yo,
tu sonrisa de lado era una sensación,
no podías ocultar las ganas,
nuestras ganas de rozarnos las vestiduras en aquel rincón,
los dos leones con la misma pasión.

Nos desnudamos con las miradas,
nos acariciamos con la brisa y las sonrisas.

Fuimos explosión ante los ojos de las cortinas,
y música ante los oídos de los libros y el silencio travieso.

Fuimos frenesí atrapado en la escencia de una biblioteca,
pasión contenida en dos cuerpos separados por un metro de distancia,
o quizá sólo dos almas conociéndose, dispuestas a fundirse en el fuego de tan bonito infierno.

Yeli Fernández

Recuérdame

Foto Yeli. F.

Si son las cinco de la tarde y de repente te acuerdas de mí ,
recuerda nuestros cafés a las nueve de la noche allí,
en ese bar que aún espera por ti, por mí .
Revive los recuerdos del ayer,
regresa con los ojos que un día conocí.

Si son las once de la noche, no hay ruido en la ciudad, y de repente piensas en mí ,
recuerda mis maullidos en la oscuridad,
nuestro amor con frenesí,
las tardes al sol o quizá los días que a tu lado perdí,
pero revive, revive el recuerdo,
devuélveme la sonrisa que un día presumí.

Si son las siete de la mañana, te despiertas y piensas en mí,
recuerda nuestras miradas después de hacer el amor, labios carmesí,
para los minutos y los segundos,
recuerda las veces que junto a ti amanecí.
Revive nuestros momentos,
devuélveme todo lo que, en esa cama, un día te ofrecí.

Si son las doce del día, cuando no necesitas nada,
y de repente aparece en tu mente mi nombre,
recuerda mi lado más torpe,
echa unas risas sin mí, echa de menos las gomitas perdidas por allí o la infinidad de veces que me apoderé de tu sofá y ni permiso pedí.

Si solo me piensas un momento del día, cualquiera que sea,
recuerda tu felicidad y la mía,
las caricias, la magia que nos unía cada día.
Detente, redescubre las fotos que guardas en tu habitación,
alza la mirada y mírame a lo lejos…
Date cuenta que, hace ya mucho, perdiste a quien de verdad te quería.

Yeli Fernández

Me perdiste

Foto by Yeli Fernández

Me perdiste, hombre aventurero,
me perdiste en medio de una tormenta de dudas, saliste corriendo entre mis charcos,
y desde lejos viste cómo me desvanecía, paciente y sin valentía.

Me perdiste, hombre de poca fe,
Me perdiste en el cruce entre el agobio y la tristeza,
me dejaste a mi suerte que no era mucha, desorientada y si nada más que sentimientos rotos en mi hucha.

Me perdiste, pequeño caballero,
me perdiste como a una moneda de un céntimo, sin remordimientos ni descontentos, con cuentos y falsos sentimientos. Tocaste la herida y te fuiste corriendo.

Me perdiste, lo sé, ¿lo supiste? No lo sé, me perdiste, no tuviste un lo siento ni el más mero agradecimiento.

Me dejaste a la mitad del camino, con los zapatos llenos de arena, pero con una gran pena, la de haber entregado mi corazón a un pobre caballero.

Yeli Fernández

Me gustas

Me gustas como para contar las estrellas tumbados en la arena bajo el manto de la noche y elegir la que más brille con derroche después de la medianoche.

Me gustas como para salir a caminar sin rumbo; unos minutos, unas horas o quizá unos días, mientras nos cogemos de las manos y nos miramos diciéndonos verdades.

Me gustas como para contarte mis secretos, mis cuentos, mis ilusiones y escuchar los tuyos. Comparar nuestros pasados y construir nuestros futuros.

Me gustas como para bailar juntos todas las noches, tú con tu falta de ritmo en las caderas y yo con mi experiencia que no es mucha, pero con un diez en actitud.

Me gustas como para escribirte miles de poemas, decírtelos al oído y ver la sonrisa tímida en tu cara. Entrar en tu corazón y quedarme allí acurrucada.

Me gustas como para pasar noches enteras despiertos en la cama, haciendo el amor sin remordimientos ni tiempos. Solos tu y yo, y nuestros sentimientos.

Me gustas como para todo; con arcoíris y tormentas, con remolinos y calmas sospechosas, con tus miedos y aciertos. Me gustas, eso es simplemente…

Yeli Fernández

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